
¿Qué ocurre cuando las organizaciones comunitarias y étnicas cuentan con herramientas digitales para contar sus propias historias, compartir sus procesos y ampliar el alcance de sus luchas?
Esa pregunta estuvo en el centro de mi trabajo como consultor técnico en Voz a Vos, un proceso de la Fundación SIDOC que busca fortalecer el espacio cívico digital de organizaciones étnicas en Cauca y Valle del Cauca.
Durante los últimos meses tuve la oportunidad de acompañar a seis expresiones organizativas de Cali, Santander de Quilichao, Buenaventura y Toribío en la creación y apropiación de sus plataformas digitales. El proceso hizo parte de Connect, Defend, Act!, una iniciativa que conecta experiencias de Colombia con organizaciones de Indonesia, Malawi y los territorios palestinos ocupados.
Más que diseñar y publicar sitios web, el trabajo consistió en pensar junto a cada organización qué querían comunicar, qué relatos querían cuidar y cómo podían convertir lo digital en una herramienta útil para sus procesos.
Un sitio web también puede ser territorio


A menudo se piensa que tener presencia digital consiste únicamente en abrir redes sociales o publicar información en internet. Sin embargo, para las organizaciones comunitarias, un sitio web puede ser mucho más que una vitrina.
Puede ser un lugar para conservar la memoria de una comunidad. Puede servir para compartir noticias y convocatorias, dar a conocer iniciativas locales, fortalecer vínculos con aliados o permitir que personas de otros lugares comprendan las realidades que se viven en los territorios.
En este proceso, cada plataforma se construyó a partir de las necesidades y prioridades de quienes la habitan. Por eso, los resultados son distintos entre sí. Hay espacios que ponen en el centro la defensa del territorio, otros que fortalecen procesos juveniles, iniciativas de mujeres, memorias afrodescendientes, caminos de incidencia comunitaria o apuestas por el derecho a la educación.
Lo digital no reemplaza el encuentro comunitario, las asambleas, la palabra compartida ni el trabajo territorial. Puede, eso sí, ayudar a ampliar su alcance y a dejar huellas de esos procesos en un espacio que también está en disputa.
Acompañar más allá de la tecnología
Acompañar más allá de la tecnología


Mi papel como consultor fue acompañar el proceso técnico y metodológico detrás de cada plataforma. Esto implicó trabajar de manera cercana con las organizaciones para construir sitios sencillos de navegar, adaptados a su identidad y pensados para que puedan ser gestionados progresivamente por sus propios equipos.
La consultoría también abrió conversaciones sobre sostenibilidad, administración compartida, producción de contenidos y uso responsable de las herramientas digitales. No se trataba de entregar una plataforma terminada y dar por cerrado el proceso. Se trataba de dejar capacidades instaladas y de reconocer que cada organización tiene sus propios ritmos, responsabilidades y formas de tomar decisiones.
Uno de los aprendizajes más importantes fue entender que la autonomía digital no depende únicamente del conocimiento técnico. También depende de la confianza entre quienes administran una plataforma, de la circulación de saberes, de la disponibilidad de tiempo y de las decisiones colectivas que hacen posible sostener un proceso de comunicación.
Seis procesos para conocer
Las plataformas creadas reúnen experiencias diversas, pero comparten una intención común: fortalecer la posibilidad de que las comunidades y sus organizaciones hablen en primera persona.
CUPAPF – Coordinación Universitaria Palenque Paulo Freiriana
Cabildo Indígena Páez de Jerusalén
APUJAPA – Asociación de Piangueras, Jaiberas y Pescadoras Artesanales del Pacífico




